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domingo, 20 de mayo de 2012

La gramática de la metamorfosis (de las mariposas) (...al revés)

Hay cosas que cambian y otras que no.


Las primeras no se sabe cuánto existen, porque cambian muy rápido y no alcanzas a verlas.


A las otras, te acostumbras.


Y hay otras, unas en especial, que siempre han cambiado y también siempre han estado, las dos cosas a la vez.




En español les llamamos Mariposas,
en alemán es Schmetterling,
en ingles es Butterfly,
en francés es Papillon,
en portugués Borboleta,
en italiano Farfalla.


Y en Mapudungun Pillpintuy (o lo mas semejante a leer eso pronunciando en español)


...y no me se mas, lo siento.


Ah, si, y unos holandeses hoy en la mañana me dijeron que le dicen Interglot


Y alguna vez supe como se decía en Quechua, pero no lo recuerdo.



Ellas, para todas las culturas de todos los tiempos,
siempre todas, todas,

volando alrededor,
revoloteando sus alas errantes en la brisa errante,
enamoradas de su planta,
iluminadas por el Sol,
ellas, siempre han representado cambio.


Cambio constante.
Estando siempre.

En todas las lenguas nativas, todos sintieron la necesidad de darles un nombre.



Eso que ellas hacían, lo entendían:
Lo podían ver,
tirados en la hierba,
debajo de las hojas,
mascandolas,
una cuncuna amarilla (debajo de un hongo vivía, yeah!).


Y no necesitaban darle un nombre a eso que ellas hacían.



A mi me arruinaron la sorpresa.


Yo escuche la palabra primero, y pregunte que significaba.


No me acuerdo cuando fue, alguien me robo ese momento.


Siempre lo supe, supongo.




También alguien una vez me contó de unos locos de por allá por Grecia, creo.

"Los griegos", me dijeron.


Y yo me los imaginé:
graciosos, gangosos, guturales.

No sabría describirlo... digan "griego" en voz alta y sientan cómo se les mueve la garganta.

Y después me arruinaron otra sorpresa.
Y me los presentaron:
viejos, altos, narigones, sabios, pelo largo, barba larga, blanca, bata.
Eran secos esos, y sabían usar la palabra.
Y empezaron a darle nombres a las cosas.
Y después quisieron dejarlo escrito.

E inventaron que μορφή (morfe) significa forma,
y que μετα (meta) significa cambio.
Y lo juntaron, y dijeron "μεταμόρφωσις".

Probablemente gracias a Ellas, que nunca cambiaron, pero siempre hicieron eso.

Y en español le llamamos metamorfosis,
en alemán es metamorphose,
en ingles metamorphosis,
en francés metamorphose,
en portugués metamorfose
y en italiano metamorfosi.

Hay cosas que cambian y otras que no.

Ya entendieron, cierto?









Se aceptan correcciones.

martes, 8 de mayo de 2012

Dura poquito un suspiro

Te he escrito varias cosas. Están más adelante.
Son todas, naturalmente, escritas en los últimos días.
Antes de la pasada luna llena casi todas.
Ese ciclo ya cerró, ahora es aquí.
Ya dije y dejé muchas cosas, pero me quedan más, muchas más, por decir y hacer.
Cada día me sonríes más y ésto parece gustarme:
Quedarme así, lejos. No decirte nada, actuar normal a tu lado, envolverte.
¿Que pasaría si nosotros hiciéramos caer la gota de rocío que no se evaporo en la mañana, directo hacia abajo en caída libre con tus ropas, llegando, al fin, a juntar su piel de agua con la piel de tierra abajo, juntitas completas, las dos pieles?
Me inspiras, claro: tu francesa, yo romántico, sin arena en el reloj, sin segundos las olas.
¿Dejaré de escribirte cosas después?
Puedo imaginarme nítido, teniéndote en mis brazos, mirándote a los ojos, sonriendo en tu sonrisa, sin escribir, sin hablar, sin pensar, diciéndote todo lo que me oigo decir.
¿Y después, qué?
Cuando dejes de ser desafío y comience a brindar con otra. Brindando, en secreto, tu olvido.
Cuando otra haga lo que hiciste tu y se instale, firme como tú, loca como tú, en mis pensamientos día a día, y te lance a ti hacia un rincón, pasadito el portal de los recuerdos.
Y volverás algún día, con algún acento por ahí, con algún cigarrito por allá, en alguna melodía por ahí, con alguna mirada parecida a la tuya o algo que me recuerde a tu piel.
O cruzas la puerta ahora y te instalas a fumar un cigarrito, a hablar con tu acento, puedo oler tu piel, me fascina tu mirada.
Devuélveme mis suspiros!

domingo, 6 de mayo de 2012

Maude

Y así, te olvidé: parte de ti, al menos:
Ahí, sentado en una silla de arena con un cenicero de arena.
Hace unas semanas había, finalmente, aprendido que los castillos en la arena no duran una noche.
Ahí, bajo la luna llena, en el lugar donde el mar quiere seguir subiendo, efervescente espuma blanca brillando del goce del contacto con la arenosa piel de la tierra.
Ahí pensé en ti y en lo efímero de la vida, sus días y sus momentos. ¡Efímera tú también!
Ahí dejé en cenizas, en una noche sin viento, el efímero dolor de escucharte decir las cosas que imaginaba hacerte decir, una vocal a la vez.
Así, en un momento que duró unas cuantas pitadas de un cigarro, le conté al mar de ti.
Dijo que te conocía, pero no dijo nada más. ¿O fuiste tú la que e dijo que lo conocías? Ahora sabe más de ti. ¿Qué hará con las cenizas?
Dicen que el mar devuelve todo lo que no necesita. No es así. El mar sólo devuelve lo que uno necesita encontrar.
A mi me quitó un zapato hace algunos años y me dio una luz el otro día. Huele a ti, salada.
Yo le pido al mar que hoy te devuelva para saludarte con un beso mañana.
Lo efímero también dura mucho tiempo.
Ahora que lo pienso, no fue que te olvidé. Fue que me acordé que, simplemente, nunca había sido y lo que pasó fue que lo soñé.
Tuve que olvidar lo soñado. Eso fue.
Creo que a eso, exactamente, le llaman desilusión.
No entiendo ésto: que eres tan real, pero... fuiste una ilusión.´
Y siempre te sonrío cuando me sonríes de vuelta.